Durante nuestra práctica diaria y desde el comienzo, realizamos nuestro trabajo en relación directa con un área ricamente inervada y vascularizada como es la cavidad oral. Desde las técnicas más simples hasta las más complejas, precisamos saber controlar la transmisión de impulsos nerviosos de la que es nuestra zona de trabajo. Por eso desde la más simple anestesia convivimos con la posibilidad de sufrir percances de diversa magnitud en relación a las mencionadas ramas nerviosas.

lesión nervio dentario inferior El trigémino es nuestro par craneal por excelencia y de una de sus ramas, la más inferior, parte el nervio alveolar inferior o dentario inferior, que se encarga de dar sensibilidad a dientes y tejidos blandos que se encuentran en el arco mandibular.

Los accidentes más comunes suelen deberse a intentos fallidos de conseguir “dormir” el citado nervio, por diversas causas (infecciones mal controladas, variaciones anatómicas o técnicas anestésicas deficientes), pero en ocasiones, sobre todo durante la realización de técnicas quirúrgicas, existe la posibilidad real de lesionar el nervio, lo que conlleva desagradables consecuencias para nuestros pacientes, sin hablar de las molestas e inevitables implicaciones legales. A veces, el miedo o respeto excesivo por evitar estos problemas, puede derivarse en limitaciones de las capacidades del odontólogo y llevar a situaciones de estrés cotidianas que pueden llegar a convertirse en un molesto problema.

 

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